martes, 27 de noviembre de 2012

Hace unos días leyendo este artículo de Ramón Lobo en jotdown me di cuenta de la costumbre que tenemos los seres humanos de identificarnos o identificar a los demás relacionando nuestro nombre al de otra persona, lugar o puesto de trabajo.
La cita de El Dilema que abre el artículo es perfectamente aclaratoria de lo que intento decir. Pero no ocurre solo en el trabajo:
hace ya algún tiempo me di cuenta de uno de los problemas que me impide llamar en ocasiones a personas que conozco pero con las que no mantengo una relación estrecha: más allá de mi timidez me cuesta identificarme. Será porque tengo dos apellidos corrientes. El caso es que siempre termino añadiendo el nombre de mis padres detrás de mi presentación para que esta quede más clara. Es extraño incluir el nombre de tus padres a veces cuando llamas, por ejemplo, a algún familiar con el que no estás acostumbrada a hablar por teléfono pero, ¿qué vas a decir? "Hola, soy Marta, tu prima" No sé qué suena peor.
El caso es que tendemos a relacionar unas cosas con otras y a unas personas con otras. A veces esto es un problema. Lo descubrí el otro día cuando fui a llamar a un amigo y me di cuenta de que lo llevo en la agenda con la nota aclaratoria del nombre de su pareja (que era de quien yo era amiga realmente), desgraciadamente ex-pareja. Y al ir a llamarle pensé en qué cara pondría él al ver en mi teléfono el pasado y el dolor que ese nombre le debe producir y quizás pensaría si él para mi no es más que el ex de tal persona. Lo sé, debería cambiar su nombre en mi agenda ya.
Pero también ocurre al contrario y te das cuenta de cómo avanza la vida y cómo el resto de las personas ven tu vida desde fuera. Recuerdo hace años, una compañera de master me dijo, a los dos meses de conocerme, que tenía la sensación de que yo era una de esas personas que tenía un novio desde los 15  años y que aun seguía con él, que le había dado esa impresión al conocerme. No os podéis imaginar mi cara. Yo, que nunca me he sentido realmente apegada a nadie como se suponía que debía hacerlo y mucho menos como esta chica se imaginaba...
Hasta ahora, hasta que mis amigas memorizan tu móvil poniendo tu nombre al lado del mío y, de repente, todo es real.