jueves, 24 de mayo de 2018

Si te digo que estoy en Coslada, algo no va bien

Nunca se me ha dado bien mentir. No me gusta hacerlo y además no lo hago bien. Pero reconozco que me fascina la facilidad que tiene la gente para montar historias, crear excusas, urdir planes y, además, dormir por las noches.

Hace años, paseando  por mi barrio en Madrid, me crucé con una pareja; él hablaba por teléfono subido a una moto aparcada. Al llegar a su altura escucho: "Pues dónde voy a estar, mamá. Aquí, en Coslada". Ahí lo tenía, con toda la naturalidad del mundo y a 15 kilómetros de Coslada. 

Me vino aquella escena a la cabeza hace un tiempo, en pleno bajón. Hay épocas en las que una se encierra y no quiere salir: de casa, de la cama, de ningún sitio. Con motivo o sin motivo, no viene al caso. En plena caída libre, cuando no sabía bien dónde estaba el límite de mis ojos a la hora de soltar lágrimas, mi móvil escupía continuos mensajes de "¿Qué, cómo vas?" que debes responder porque son mensajes de preocupación sincera. Pero mi cabeza y mi cuerpo no reaccionaban, hasta que en un momento de locura o deshidratación recordé a aquel chico sentado sobre su moto y tuve la tentación de responder "aquí, en Coslada". No lo hice. Una lástima.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Volver a escribir

 
El otro día encontré un blog mío antiguo; bueno, no exactamente un blog, digamos más bien un diario virtual. La buena noticia es que recordaba la contraseña de la página; la mala fue descubrir que mi yo del pasado escribía bastante mejor que mi yo del presente.
 
Hace un tiempo una persona bonita que tengo en mi vida me preguntó, mientras hablábamos de poesía, si yo escribía. Le dije que ya no. Me preguntó por qué y no se me ocurrió más que soltar que "desde que soy feliz me cuesta más escribir". Me miró conmovida ya que, como he dicho es una persona bonita, porque estaremos de acuerdo en que tal afirmación merece una hostia. Pero dentro de lo abofeteable de mi confesión había una gran verdad: ya no escribo y, cuando lo hago, no lo hago bien.
 
En aquel diario virtual contaba yo mis desventuras veinteañeras con títulos profundos sacados, en su mayor parte, de canciones de cantautores. Pues bien, encontré entre ellos un título que no he sido capaz de comprobar que ciertamente pertenezca a un cantautor y no sea una frase profundamente abofeteable de mi yo de 24 años.
 
 
¿A qué viene todo esto? Pues a que tengo ganas de escribir y no sé por donde empezar. Últimamente parece que sólo estoy cabreada con todo: con el fútbol, con las series, con la play...no digamos con la gente.  Así que he decidido intentar encontrar el rincón de paz aquí, cambiarle el nombre al blog para volver al origen e intentar que Peter Pan me ayude en esto.
 
No encendáis la luz y hablemos bajito.