Recuerdo que, cuando era pequeña, mis padres siempre decían que los seres humanos recuerdan perfectamente el lugar en el que estaban cuando ocurría algún suceso importante para la historia; y acto seguido relataban lo que ocurrió el 23F o el día que murió Franco. No me pareció raro, al fin y al cabo esos hechos eran importantes para su vida, pero pensé: ¿me pasará lo mismo a mi? ¿Recordaré exactamente lo que estaba haciendo cuando me enteré de algún acontecimiento de alcance mundial? Pues sí.
Martes, 11 de septiembre de 2001.
El verano de 2001 iba a ser el denominado "verano de nuestra vida" (así era como habíamos decidido bautizar el verano en el que pasas del instituto a la universidad) y no lo debió ser tanto porque de él solo recuerdo tres días sueltos de septiembre.
Aquel martes comíamos a toda prisa en la cocina mis padres, mi hermana y yo. Realmente prisa solo teníamos mi hermana y yo porque a las 15.15 empezaba "Al salir de clase". Recuerdo a mi hermana gritando desde la cocina mientras yo avanzaba por el pasillo: "avísame si ya ha empezado que voy fregando los platos". Enciendo la tele y veo dos torres y mucho humo y de mi boca solo sale: "no, no ha empezado...aquí sigue Angels y ha debido pasar algo gordo". Y así comenzó la historia de uno de mis primeros recuerdos de "¿dónde estabas cuando...?". Podrán pasar los años, pero al final cuando pasan este tipo de cosas las familias se reunen a ver la tele (antes a escuchar la radio), juntos, en silencio.
Aquel día yo había quedado, como siempre, a las 17h delante del Teatro Jovellanos, para tomar café con mis amigos. Vivo cerca pero no llegué precisamente pronto; mis ojos no se podían despegar de la televisión. Quizá la edad, el descontrol de hormonas o la inconsciencia nos hizo saludarnos con un: "¿habéis visto la última de Spielberg que están poniendo en todas las teles?". Parecía que nos daba igual pero no era así. Aquella tarde no hubo ni risas ni los gritos habituales en la cafetería de siempre. Desorganizamos todo el tetris de mesas del local para que todos quedáramos de frente a la tele y tomamos café en silencio.
Nos despedimos. Aquel sí que fue el verano de las despedidas. Y lo último que recuerdo de ese día es alguien diciéndome: "¿de verdad te vas a ir a vivir a una gran ciudad dentro de tres semanas? Ten cuidado".












