viernes, 24 de junio de 2011

asesinatos, detectives y mucha lluvia

¿Os acordais de Laura Palmer? La serie Twin Peaks revolucionó la televisión nada más estrenar la década de los 90. No se hablaba de otra cosa, lo único que la gente necesitaba saber era quién narices había matado a Laura Palmer. 
Parece que sí ha dejado huella porque hace cuatro años la televisión danesa estreno Forbrydelsen o lo que es lo mismo The Killing cuyo remake americano llegó esta primavera a mi poder. Un millón de críticas positivas leídas en internet me obligaron a verla. Y debo decir, antes de que todas las palabras que vienen a continuación den sensación de lo contrario, que no me arrepiento de haberlo hecho.
La serie comienza con el hallazgo del cuerpo sin vida de Rosie Larsen y, a partir de ahí comienza la investigación. Una joven respetada y querida en el colegio, un montón de personajes que no son lo que parecen, una estructura de prácticamente capítulo/día y el Seattle más lluvioso de la historia de la televisión que, a pesar de ser una gran ciudad, da sensación de pueblo perdido en mitad de la nada, con bosque tétrico incluido. ¿os suena? porque a mi sí, desde el primer momento.
Lo que me atrae de The Killing es la oscuridad de sus personajes; y no es que den miedo, es que no se comunican entre ellos (ni siquiera los que forman parte de una misma familia), todos tienen algo que ocultar, todo es gris a su alrededor, como el cielo. 
La investigación la llevan dos detectives: Sarah Linden y Stephen Holder y este es el otro aspecto curioso y bastante atractivo de la serie. La aparición de Rosie Larsen coincide con el teórico último día de trabajo de Linden. Se traslada (o trasladaba) para casarse y Holder venía para sustituirla. El jefe le pide que se quede un día más y nos encontramos ante una situación que calificaría como desestabilizadora: para Linden que compra billetes de avión constantemente porque "se va esa misma noche" y nunca termina de irse; para Holder que llegó para ser detective y se encuentra como subordinado de una tía que no termina de abandonar su puesto; y para el espectador que ve la historia desde la perspectiva de los dos policías y que deja de saber qué quiere.
Todos los personajes, cada uno con sus peculiaridades, son así, desestabilizadores. No es que The killing sea una serie de intriga de esas que se te queda el gusanillo en el estómago por ir descubriendo cosas capítulo tras capítulo, tampoco es una serie en la que haya sustos en el sentido de hacer saltar al espectador de su asiento; es una serie que te deja, literalmente, mal cuerpo. No en plan gore, ni porque aparezca ninguna escena desagradable, sino por el propio comportamiento de los personajes, lo que ocultan, como hablan, la luz (o la poca luz) que les rodea; tienen una actitud tan cerradas, tan ensimismados, que capítulo tras capítulo el espectador se queda encogido, como dejando de creer un poquito más en el ser humano.
En cuanto a la propia trama, siempre lo he dicho, es muy difícil escribir finales. Lo que está claro, es que si planteas una historia de investigación de un asesinato tienes que tener claro como quieres concluirla. Por lo que he podido leer, al empezar a gestarse The killing, los creadores barajaban varias opciones para el asesino. Esto nos lleva a dar bandazos, a llevar al espectador de un lugar a otro, darle pistas falsas, marearle, en definitiva. The killing lo hace de una manera bastante aceptable (disimulada, por tanto), es decir, que una vez que la historia da un giro hacia alguna nueva pista, el espectador no se siente engañado, sino sorprendido. Otra cosa será que nos guste más o menos el giro.
En definitiva, que las historias de intriga y asesinatos triunfan y si están bien contadas, pues mejor, que Laura Palmer sigue más viva que nunca y que la AMC mantiene el buen gusto.

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