No es fácil ser un seriéfilo cool.
Hay varias etapas en la vida de un seréfilo para alcanzar un nivel
de coolitud adecuado y, si no lo haces correctamente, puedes
convertirte en un seriéfilo vulgar y eso, chavales, es peor que ser
relegado a la portería en los partidillos de patio de colegio.
Lo primero que hay que tener es
infinita paciencia porque para llegar a ser un seriéfilo respetado
hay que tragarse las series más lentas de la historia. Si no llevas
el gen de nacimiento puede convertirse en una auténtica tortura.
También es importante, una vez has conseguido ver y analizar todas
las temporadas de esas series, defenderlas ante cualquier crítico
que surja en tu familia, oficina o círculo de amigos. “¿Qué en
Mad Men no pasa nada? ¿Cómo te atreves?”. Es cierto que para el
“público medio” (entiéndase el concepto sin llegar a
insultarme, por favor) Mad Men puede resultar lenta y carente de
acción.
Voy a hacer un inciso sobre el concepto
“público medio” antes de que yo misma me parezca la persona mas pedante de la tierra: allá por cuarto de carrera mi profesor de
realización nos reveló una verdad absoluta, probablemente lo más
importante que aprendí en cinco años de comunicación audiovisual:
nosotros (estudiantes, profesores y personal relacionado con la
comunicación) no vemos los discursos audiovisuales (series,
películas o cualquier programa) de la misma manera que lo ve el
resto de la gente. Eso es cierto, mal que le pese a mucha gente y por
muy pretencioso que parezca. Es verdad que ahora mismo hay muchísima
gente que ha desarrollado una educación audiovisual a base de ver
muchos productos pero cuando hablo de “público medio” me
refiero al resto, a los que ven la televisión y punto y, como mucho,
van al cine o se ponen un dvd de vez en cuando. Vemos cosas que otros
no ven, entendemos el discurso de una manera distinta y, por tanto,
necesitamos de productos distintos que consigan sacarnos de la
rutina. No es una virtud ni muchísimo menos; de hecho mi jefa lo
llama “estar contaminado”. Dice que estamos contaminados por el
trabajo que hacemos y que por eso nuestros ojos ven la televisión de
una manera distinta al resto de los telespectadores. Yo lo llamo
condena a veces, porque no me resulta nada fácil callarme cuando veo
algo que me choca y frases como “ese no debería ser el asesino
porque nos estarían dando pistas falsas y eso haría al espectador
sentirse engañado con el discurso” no es la frase que un
espectador medio quiere escuchar en el sofá de su casa. Al parecer
la gente, el “público medio”, ve la televisión para
entretenerse y no pensar durante un rato. Lo que yo os diga, una
auténtica condena.
Por eso, creo, hay tanta gente que no
aprecia Mad Men. Bueno, ni Mad Men ni Breaking Bad, The Wire, A dos
metros bajo tierra o Los Soprano. No las aprecian pero tienen que
hablar bien de ellas porque es imposible mantener una conversación
seriéfila con alguien y confesar que no te gusta Los Soprano. ¿Dónde
te deja eso? Está de moda encumbrar Breaking Bad casi al mismo nivel
que maldecir el final de Perdidos. Y, ¿qué queréis que os diga?
Creo que nos gusta Breaking Bad por encima de nuestras posibilidades.
La mayor virtud de esa serie es haber conseguido que la siga viendo a
pesar de que no me caiga bien ningún personaje. No es que no me
identifique con ninguno, es que les deseo una muerte lenta y dolorosa
a cada uno de ellos y, a pesar de eso, sigo con los ojos como platos
su evolución. Pero, reconozcamos una cosa: si lo pensamos fríamente
no es para tanto. Claro que si lo pensamos fríamente quizás ninguna
lo sea. Esa colección de personajes disfuncionales, que no llegan a
ningún lado, con los que no empatizas en ningún momento. Claro, que
hay gente que piensa que Walter White es un genio, un héroe, un
crack...igual el problema lo tengo solo yo.
Cuando te conviertes en un seriéfilo
respetado tienes la posibilidad de sufrir una involución y que no
pase nada. Me explico: una persona corriente confiesa que está
enganchado a, digamos, Pretty little liars y la reacción normal de
su interlocutor sería de rechazo. Pero si eres un seriéfilo
respetado ver religiosamente una serie cutre para adolescentes es
estar de vuelta de todo y reírte de los que la ven en serio, aunque
a veces es muy difícil distinguir a unos de otros; todo es cuestión
de actitud, al parecer.
El caso es que, como he dicho, la gente
normal (vamos a llamarles ya normal a ellos que es en realidad lo que
son) ve la televisión para relajarse o entretenerse. Programas del
corazón, realities, talent show y demás productos copan las
parrillas de televisión; esos programas que a mi me dan la sensación
de estar perdiendo tiempo al verlos. Puede que el problema sea que yo
no se relajarme ni entretenerme delante de una pantalla. Los días
que una no está para series cool, se pone una sitcom (sitcom cool al
poder ser) o una serie de esas adolescentes o series light que yo las
llamo, que son las que me sirven de relleno cuando mi cerebro no se
encuentra en condiciones de discernir los problemas de personalidad
de Don Draper.
Así que ya sabéis: introducid en
vuestras conversaciones frases como: “es que es tan mala que hay
que verla” o “ya no se hacen series como (serie cool)” y
empezaréis a ser respetados. O no.
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