Después de muchas opiniones de unos y otros sobre lo que
sucedió con Cuéllar en la sala de prensa de Mareo, he intentado ordenar mis
ideas y trataré de plasmarlas aquí de la forma más clara posible. No prometo
que vaya a conseguirlo.
Entremos en materia: ¿Tiene Cuéllar razón? Sí. ¿Pierde
Cuéllar las formas? Sí. ¿Pierde razón por perder las formas? Ahí empieza el
debate en el que muchos medios y periodistas a nivel nacional han entrado.
Cuéllar explota contra un periodista que envía un vídeo a su
medio sin ningún tipo de explicación de lo que sucede en ese vídeo; y contra un
medio que titula ese vídeo “Cuéllar reta a la afición a su llegada a Riazor”
sin comprobar si eso era lo que estaba pasando. Es decir, que hay una persona
que está presenciando la llegada del autobús del Sporting a Riazor; si no es
ciego, ve bajar al ATS del Sporting (es lo primero que se ve en el vídeo) y
dirigirse corriendo hacia las vallas; después baja Cuéllar y se queda mirando
para esa zona con una expresión extraña, Abelardo llega por detrás y le toca la
espalda pidiéndole que siga caminando; después baja Meré que también se queda
mirando. Quizás si ese periodista va a enviar ese vídeo a su periódico, debería
explicar todo lo sucedido, pero no lo hizo.
La Nueva España recibe ese vídeo. Asumo que lo ve entero y
se queda solo con la mirada de Cuéllar hacia la valla. Sin tener ningún tipo de
información adicional, deciden utilizar ese titular y subirlo a la red.
Desde varios medios y periodistas he escuchado la palabra “error”
para explicar y algunos incluso, justificar la acción. Un error habría sido
cambiar los nombres de los jugadores, decir que fue Isma, por ejemplo, el que
baja del autobús. Eso es un error que podría, incluso, entenderse por las
prisas con las que se escriben este tipo de noticias para subirlas cuanto antes.
Recibir un vídeo sin ningún tipo de explicación y darle un titular que no fuera
“Llegada del autobús del Sporting a Riazor” es mala praxis y búsqueda de
polémica y de clicks. Habría sido tan fácil como llamar a la persona que te
envía ese vídeo y decir: “¿Y esa cara de Cuéllar? ¿Le estaban insultando o
algo, o es que ha pasado alguna cosa a la llegada?”. No parece difícil.
Ahora bien, la prensa nacional se echa las manos a la cabeza
porque un señor que se ha visto difamado insulta a un periodista y explota
contra Cuéllar (contra su formas, principalmente) y contra la defensa hacia el
portero que muchos hemos hecho en las redes, y aquí es donde, por mi
parte, va a haber una explicación que
sólo incluye mi opinión, quizá no la de los demás sportinguistas, pero que
refleja bastante mi cabreo general hacia la prensa:
Mi argumento, y el de varias personas más, para defender las
formas que usa Cuéllar en sala de prensa es que, si no hubiera usado esas
formas, nadie se habría hecho eco de lo sucedido: ni de la respuesta de
Cuéllar, ni de la situación vergonzosa en la que el portero del Sporting se ha
visto envuelto. Pues bien, anoche tuve que leer en el blog de la libreta que
ese argumento era “discutible” y concluye
con una sentencia que es la clave de mi cabreo: hace que me pregunte si de verdad es tan importante que toda España
supiera que un medio asturiano acusó al portero del Sporting de mirar mal a
unos señores por la calle
Efectivamente a nadie le importa: a nadie le importa lo que
diga la prensa asturiana y a nadie le importa que se difame al portero del Sporting, porque más allá de
Madrid y Barcelona aquí no existe nadie. De hecho si Álvaro Arbeloa no hubiera
lanzado su tweet, probablemente la mitad de los madridistas que salieron
aplaudiendo la actuación de Cuéllar habrían hecho comentario alguno.
Ahora bien, pensemos en un supuesto: imaginemos por un
segundo que Cuéllar no explota de esa manera y que el medio no rectifica esa
noticia porque al haber pasado varios días ya no lo considera necesario.
Pongámonos en el año que viene: el Sporting visita Riazor o cualquier otro
campo de España, y, esperemos que no, pasa algo; hay algún tipo de enfrentamiento
a la llegada del autobús o entre aficionados. Salta la noticia a nivel nacional y algún periodista con más ética que
en La Nueva busca precedentes; se encontraría a Cuéllar retando a la afición
del Dépor a su llegada a Riazor y tendríamos que leer cosas como: “no es la
primera vez”, algo que todo el país asumiría como cierto y veraz.
Mi cabreo como sportinguista es ese: la impunidad con la que
la prensa habla de cosas que no sabe o que no contrasta; las dan por ciertas,
las publican y la gente se la cree. Efectivamente, puede que esa noticia no trascendiera
más allá de la cordillera, pero no es la primera vez que el Sporting y/o alguno
de sus jugadores se ve envuelto en alguna noticia alejada de la realidad y que
sólo busca clicks o defender algún otro interés.
Lo que quizás los periodistas que critican a Cuéllar no
saben, o sí lo saben lo cual me resultaría peligroso, es que lo que se publica
es tomado por muchos como verdad y que los lectores no se van a parar a
contrastar información para saber si ese medio se ha inventado la noticia, la
ha redactado de una manera engañosa o tiene algún interés en que se publique
desde ese punto de vista y no desde otro. Esto es algo que yo, como sportinguista,
llevo proclamando por twitter desde hace mucho tiempo, pero claro, mi audiencia
es limitada si la comparamos con la de Deportes Cuatro o Jugones. El caso es
que, desde Madrid, se lleva años maltratando mediáticamente al Sporting hasta el
punto que el 90% de este país cree que el Sporting subió a primera porque el
Betis se dejó o que sigue en primera porque Marcelino obligó a sus jugadores a
dejar ganar al Sporting en la última jornada. Sin más análisis, sin más
explicaciones, sin atender siquiera a las explicaciones del propio Marcelino.
El discurso ya está hecho y no va a venir la realidad a estropear un buen
titular y unos cuantos clicks.
Estoy segura de que el cabreo de Cuéllar se limita sólo al
hecho del sábado, quizás a algún encontronazo más con algún medio asturiano,
pero el mío, mi defensa a las palabras e, incluso, a las formas de Cuéllar va
más allá: data más o menos de cuando un señor salió en rueda de prensa a pedir
que nos sancionaran por alinear a un equipo que a él, entrenador de otro equipo
e ignorante de la plantilla del Sporting, no le parecía el adecuado. La prensa
se hizo eco de aquello y condenó al Sporting por cambiar “hasta al portero”.
Aquel portero “suplente”, “de equipo B” era Cuéllar, por cierto, y puso firme a
toda la tropa de Pedrerol cuando le invitaron al programa e intentaron ningunearle.
Que una parte bastante considerable de la prensa deportiva
está podrida es un hecho; que una mirada al bajar del autobús no debería ser
noticia, sea como sea esa mirada, también está bastante claro. Lo que se
denuncia aquí es la libertad con la que el periodismo se mueve por el fútbol,
sobre todo por el fútbol modesto: con absoluto desconocimiento, publicando de
oídas, sin contrastar y, sobre todo, sin importarles si lo que se publica es cierto
o no; porque total, sólo estamos hablando del portero del Sporting de Gijón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario