miércoles, 5 de octubre de 2016

¿A quién le importa?


Después de muchas opiniones de unos y otros sobre lo que sucedió con Cuéllar en la sala de prensa de Mareo, he intentado ordenar mis ideas y trataré de plasmarlas aquí de la forma más clara posible. No prometo que vaya a conseguirlo.
Entremos en materia: ¿Tiene Cuéllar razón? Sí. ¿Pierde Cuéllar las formas? Sí. ¿Pierde razón por perder las formas? Ahí empieza el debate en el que muchos medios y periodistas a nivel nacional han entrado.
Cuéllar explota contra un periodista que envía un vídeo a su medio sin ningún tipo de explicación de lo que sucede en ese vídeo; y contra un medio que titula ese vídeo “Cuéllar reta a la afición a su llegada a Riazor” sin comprobar si eso era lo que estaba pasando. Es decir, que hay una persona que está presenciando la llegada del autobús del Sporting a Riazor; si no es ciego, ve bajar al ATS del Sporting (es lo primero que se ve en el vídeo) y dirigirse corriendo hacia las vallas; después baja Cuéllar y se queda mirando para esa zona con una expresión extraña, Abelardo llega por detrás y le toca la espalda pidiéndole que siga caminando; después baja Meré que también se queda mirando. Quizás si ese periodista va a enviar ese vídeo a su periódico, debería explicar todo lo sucedido, pero no lo hizo.
La Nueva España recibe ese vídeo. Asumo que lo ve entero y se queda solo con la mirada de Cuéllar hacia la valla. Sin tener ningún tipo de información adicional, deciden utilizar ese titular y subirlo a la red.
Desde varios medios y periodistas he escuchado la palabra “error” para explicar y algunos incluso, justificar la acción. Un error habría sido cambiar los nombres de los jugadores, decir que fue Isma, por ejemplo, el que baja del autobús. Eso es un error que podría, incluso, entenderse por las prisas con las que se escriben este tipo de noticias para subirlas cuanto antes. Recibir un vídeo sin ningún tipo de explicación y darle un titular que no fuera “Llegada del autobús del Sporting a Riazor” es mala praxis y búsqueda de polémica y de clicks. Habría sido tan fácil como llamar a la persona que te envía ese vídeo y decir: “¿Y esa cara de Cuéllar? ¿Le estaban insultando o algo, o es que ha pasado alguna cosa a la llegada?”. No parece difícil.

Ahora bien, la prensa nacional se echa las manos a la cabeza porque un señor que se ha visto difamado insulta a un periodista y explota contra Cuéllar (contra su formas, principalmente) y contra la defensa hacia el portero que muchos hemos hecho en las redes, y aquí es donde, por mi parte,  va a haber una explicación que sólo incluye mi opinión, quizá no la de los demás sportinguistas, pero que refleja bastante mi cabreo general hacia la prensa:

Mi argumento, y el de varias personas más, para defender las formas que usa Cuéllar en sala de prensa es que, si no hubiera usado esas formas, nadie se habría hecho eco de lo sucedido: ni de la respuesta de Cuéllar, ni de la situación vergonzosa en la que el portero del Sporting se ha visto envuelto. Pues bien, anoche tuve que leer en el blog de la libreta que ese argumento era “discutible” y concluye con una sentencia que es la clave de mi cabreo: hace que me pregunte si de verdad es tan importante que toda España supiera que un medio asturiano acusó al portero del Sporting de mirar mal a unos señores por la calle
Efectivamente a nadie le importa: a nadie le importa lo que diga la prensa asturiana y a nadie le importa que se difame  al portero del Sporting, porque más allá de Madrid y Barcelona aquí no existe nadie. De hecho si Álvaro Arbeloa no hubiera lanzado su tweet, probablemente la mitad de los madridistas que salieron aplaudiendo la actuación de Cuéllar habrían hecho comentario alguno.
Ahora bien, pensemos en un supuesto: imaginemos por un segundo que Cuéllar no explota de esa manera y que el medio no rectifica esa noticia porque al haber pasado varios días ya no lo considera necesario. Pongámonos en el año que viene: el Sporting visita Riazor o cualquier otro campo de España, y, esperemos que no, pasa algo; hay algún tipo de enfrentamiento a la llegada del autobús o entre aficionados. Salta la noticia a nivel  nacional y algún periodista con más ética que en La Nueva busca precedentes; se encontraría a Cuéllar retando a la afición del Dépor a su llegada a Riazor y tendríamos que leer cosas como: “no es la primera vez”, algo que todo el país asumiría como cierto y veraz.
Mi cabreo como sportinguista es ese: la impunidad con la que la prensa habla de cosas que no sabe o que no contrasta; las dan por ciertas, las publican y la gente se la cree. Efectivamente, puede que esa noticia no trascendiera más allá de la cordillera, pero no es la primera vez que el Sporting y/o alguno de sus jugadores se ve envuelto en alguna noticia alejada de la realidad y que sólo busca clicks o defender algún otro interés.
Lo que quizás los periodistas que critican a Cuéllar no saben, o sí lo saben lo cual me resultaría peligroso, es que lo que se publica es tomado por muchos como verdad y que los lectores no se van a parar a contrastar información para saber si ese medio se ha inventado la noticia, la ha redactado de una manera engañosa o tiene algún interés en que se publique desde ese punto de vista y no desde otro. Esto es algo que yo, como sportinguista, llevo proclamando por twitter desde hace mucho tiempo, pero claro, mi audiencia es limitada si la comparamos con la de Deportes Cuatro o Jugones. El caso es que, desde Madrid, se lleva años maltratando mediáticamente al Sporting hasta el punto que el 90% de este país cree que el Sporting subió a primera porque el Betis se dejó o que sigue en primera porque Marcelino obligó a sus jugadores a dejar ganar al Sporting en la última jornada. Sin más análisis, sin más explicaciones, sin atender siquiera a las explicaciones del propio Marcelino. El discurso ya está hecho y no va a venir la realidad a estropear un buen titular y unos cuantos clicks.
Estoy segura de que el cabreo de Cuéllar se limita sólo al hecho del sábado, quizás a algún encontronazo más con algún medio asturiano, pero el mío, mi defensa a las palabras e, incluso, a las formas de Cuéllar va más allá: data más o menos de cuando un señor salió en rueda de prensa a pedir que nos sancionaran por alinear a un equipo que a él, entrenador de otro equipo e ignorante de la plantilla del Sporting, no le parecía el adecuado. La prensa se hizo eco de aquello y condenó al Sporting por cambiar “hasta al portero”. Aquel portero “suplente”, “de equipo B” era Cuéllar, por cierto, y puso firme a toda la tropa de Pedrerol cuando le invitaron al programa e intentaron ningunearle.


Que una parte bastante considerable de la prensa deportiva está podrida es un hecho; que una mirada al bajar del autobús no debería ser noticia, sea como sea esa mirada, también está bastante claro. Lo que se denuncia aquí es la libertad con la que el periodismo se mueve por el fútbol, sobre todo por el fútbol modesto: con absoluto desconocimiento, publicando de oídas, sin contrastar y, sobre todo, sin importarles si lo que se publica es cierto o no; porque total, sólo estamos hablando del portero del Sporting de Gijón. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario