martes, 21 de agosto de 2012

agosto en Madrid

Madrid, en agosto, es para valientes: 40º, 35º por la noche para "dejarnos" dormir; prohibido salir de casa hasta las diez de la noche, salvo que tengas que ir a trabajar, que entonces puede ir usted a congelarse a su oficina.
Madrid vive a partir de la hora de salida del trabajo, sea cual sea ésta, cualquier día de la semana. Las noches de verano son el regalo que Madrid nos da a los valientes: terrazas a pie de contaminación, mojitos siete días a la semana, esas miradas cómplices con las mesas de al lado sabiendo que a ellos también les ha tocado quedarse en Madrid en agosto. Porque sí, en Madrid se distingue perfectamente a los lugareños de los turistas (nacionales o extranjeros) a pesar de que todos llevemos ropa ligera y un vaso en la mano.
Los lugareños son perfectamente identificados por su cara de valientes: valientes por ir a trabajar a diario (ellos en traje) con 40º a la sombra, tres líneas de metro cortadas y una zanja cada cien metros en la calle que menos te lo esperas. 
Es verdad que hay menos coches, y menos gente pero Madrid, en agosto, es una carrera de obstáculos.
Y cuando llegas a casa te encuentras que el 80% de los establecimientos de tu barrio están cerrados (salvo que vivas en el centro o que vayas a un súper grande). Las tiendas de barrio cierran en agosto y poco a poco te vas dando cuenta de que, en agosto, la gente que huye de la capital, huye con Madrid a cuestas.
Pero de repente llega el 1 de septiembre, que para ti es un miércoles o un jueves cualquiera; sales a la calle y todo cobra vida de nuevo: tiendas abiertas, zombies camino del trabajo, niños gritando a la puerta de un colegio, el metro abarrotado y les miras con cara de odio, porque tú llevas todo agosto aguantando las altas temperaturas, las obras, los retrasos en el transporte y crees que lo mínimo que mereces es un poco de respeto o un asiento en el metro. 
Porque, chavales, Madrid, en agosto, es nuestro.

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